Concha Edo
Universidad Complutense de Madrid
Las transformaciones de mayor calado por las que ha pasado la prensa desde sus primeras páginas están directamente relacionadas con la propiedad de la información. Primero fue el poder establecido el que impuso sus leyes al periodismo con su control absoluto sobre la publicación de los acontecimientos y de las opiniones que suscitaban. Después los periódicos se convirtieron en empresas y se abrió el horizonte de la libertad para contar las noticias sin censuras. Y, más cerca ya de nosotros en el tiempo, fueron los propios periodistas quienes tomaron las riendas del liderazgo informativo hasta convertir a la prensa en el cuarto poder 2.
Si nos detenemos en los cambios que se han producido en las últimas décadas podemos ver, además, que la información se ha convertido en un bien habitualmente compartido entre los medios de comunicación y los lectores, que han ido ganando terreno hasta convertirse en los auténticos propietarios de la información. Ellos deciden lo que quieren o no quieren leer, ver, oír o comprar y, como consecuencia tantas veces inmediata, determinan con su libre elección la viabilidad o la continuidad de un periódico, de una revista o de un programa de radio o de televisión 3.
En este contexto, la función mediadora del periodista ha consistido hasta hace bien poco en ser un eslabón no intencional entre los acontecimientos y las distintas audiencias. Es el imprescindible gatekeeper 4 que selecciona las noticias e interpreta la realidad para asegurar el derecho a estar informado que tiene el público. Él decide qué se publica y cuando sale a la luz, desde la autoridad que le da su prestigio como profesional o la especialización que le ha convertido en experto en uno o en varios temas de los que ocupan habitualmente el espacio de los medios.
Ser periodista ha supuesto durante muchos años trabajar como un profesional legitimado por una especie de delegación de la sociedad para el cumplimiento de un derecho colectivo de la comunidad política: el derecho a recibir una información técnicamente correcta. Y eso significa también ser el administrador y gerente de la libertad de prensa y del derecho a la información de los ciudadanos5.
Pero a partir de 1994, con la generalización de las tecnologías digitales en el ejercicio del periodismo 6 y la instalación paulatina de los medios de comunicación en Internet, esta perspectiva ha dado un nuevo giro. Y está a la vista de todos que existe un panorama que acentúa aún más el protagonismo de los lectores o de las personas que forman las distintas audiencias, que son permanentemente medidas, contadas, analizadas y aduladas con el fin de atraer su atención y su veredicto positivo.
Ese nuevo y relevante papel de los receptores, durante tanto tiempo pasivos, tiene mucho que ver con las posibilidades de interactuar que ofrece a los usuarios la red. Una interactividad que permite a quienes visitan los diferentes sites opinar acerca de lo que se dice en los textos o sobre cualquier otra materia relacionada o no con los temas del día. Esta cuestión ya se han estudiado en diferentes textos académicos y periodísticos, y es más que probable que siga siendo objeto de reflexión porque la tecnología avanza a una velocidad vertiginosa. Pero no es el objeto central de este trabajo.
Lo que en esta ocasión parece interesante destacar son los efectos que puede producir en el presente y en el futuro próximo del periodismo la posibilidad de que todo aquel el que disponga de una página web, hoy al alcance de todas las fortunas, pueda hacer públicos a través de la red tanto sus propios mensajes y opiniones como noticias, o sucedáneos de noticias, obtenidos personalmente o conocidos por las diferentes vías a las que tenga acceso por su trabajo, sus relaciones sociales o cualquier otro tipo de contactos habituales o esporádicos con determinados sectores de la sociedad.
Desde su origen exclusivamente científico y altruista, desde su condición universal y descentralizadora, el espacio digital se ha caracterizado por ofrecer un horizonte de libertad y unas posibilidades casi ilimitadas de conocimientos en los distintos campos del conocimiento que han abierto todo tipo de expectativas 7.
Pero las ilusiones de una comunicación sin fronteras en la red 8 están perdiendo la batalla, a día de hoy, frente al pragmatismo, el utilitarismo y la aplicación de las leyes implacables del mercado. Internet parece que se convierte en una herramienta más para lo mismo a la que sólo se accede en algunas zonas del mundo, en lugar de mantenerse como un medio revolucionario.
La utopía de la libertad en la red se va desvaneciendo y después de la euforia inicial se ha producido cierto desencanto que, probablemente, no es definitivo. Por una parte porque el poder se concentra cada vez en menos manos 9: AOL Time Warner, Microsoft, Yahoo! y Napster acumulan el 50 % del tiempo que los internautas pasan en la red 10.
Y es que, además, los usuarios que ya se cuentan por cientos de millones 11 suelen entrar siempre en las mismas páginas sin navegar en busca de sitios nuevos, ha decrecido el uso de buscadores -quizá porque los lectores acceden de forma directa a la información que buscan- y los servicios más utilizados son el correo electrónico y el chat 12. Eso es, al menos, lo que muestran los datos facilitados por los controles y las estadísticas más recientes.
Por lo que se refiere a la información de actualidad, los lectores de prensa se concentran principalmente en las versiones digitales de los grandes diarios 13 y las cadenas de televisión y lo que más valoran, en general, es la capacidad de actualizar con rapidez las noticias. El público quiere saber lo que pasa y quiere saberlo cuanto antes 14 y, una vez conocida la actualidad, se dirige sólo a lo que le interesa. Por eso una de las claves del éxito de estas cabeceras está en facilitar el acceso a tales temas concretos más o menos especializados y a toda una larga serie de servicios desde su home page.
En este sentido se ha demostrado que el prestigio de la marca de un diario que vende cientos de miles de ejemplares en papel pesa mucho a la hora de informarse en Internet. The New York Times llegó a los 9 millones de usuarios únicos en septiembre de 2001 15, seguido de The Washinton Post con 6,8, USA Today con 6,1, Los Angeles Times con 3,3 y Boston Post con 2,1 16. Y lo mismo ocurre con la televisión: CNN se mantiene a la cabeza en las mediciones de audiencias y se aproximó, en las mismas fechas, a los 25 millones de visitantes , y el segundo lugar es para MSNBC con 22,2.
En nuestro país la reacción ha sido parecida y las cabeceras con más difusión en formato papel son también las que se imponen en la red. La dura competitividad que mantienen entre sí todos los medios, sobre todo los grandes periódicos con mayor repercusión, y la dificultad para poder ofrecer exclusivas que sufren unos y otros han llevado a una nueva situación en la que la diferenciación está, precisamente, en la rapidez con que sean capaces de adaptarse a las novedades tecnológicas y adelantarse en su aplicación.
Con la constatación de estos datos parece un hecho que para los ciudadanos de todo el mundo que navegan por la red se está abriendo paso el concepto de selfmedia, un diario personalizado y adaptado a las necesidades de cada uno que puede tener un papel cada vez más importante. Así, el que los medios se vayan convirtiendo en proveedores de información de cualquier tipo y en cualquier formato, según las demandas y exigencias del lector, no es un futurible: ya es presente.
El concepto de prensa a la carta -denominado entonces Daily Me - fue empleado por primera vez en el MIT (Massachusetts Institute of Tecnology), dirigido desde sus comienzos por Nicholas Negroponte. En un congreso 17 que tuvo lugar en el año 1994, representantes del MIT se refirieron con todo detalle a la posibilidad de que los periódicos digitales, entonces incipientes y sin ninguna experiencia periodística que aportar, se plantearan y diseñaran de acuerdo con las necesidades del usuario 18.
Negroponte planteaba entonces al lector del futuro como un editor con las herramientas adecuadas para serlo, con una serie de sistemas expertos capaces de reunir para él cada día, o en cada momento, la información deseada. Añadiendo también a esa selección informativa centrada en los contenidos la elección del formato, de los colores, de la tipografía o de las secciones 19. A ocho años de distancia estos pronósticos parecen bastante razonables.
The Washington Post ha sido uno de los primeros periódicos on line que ha ofrecido la posibilidad de personalizar los contenidos, como ya hacen desde hace tiempo distintos portales, a través de la dirección mywashingtonpost.com. También The New York Times proporciona ese servicio y, junto a esto, una nueva web -NYTimages.com- en la que vende fotos actualizadas diariamente de medios de su grupo o asociados como The Boston Globe o The San Francisco Chronicle 20.
La edición para Internet de The Wall Street Journal, quizá el único periódico que ha conseguido que más de seiscientos mil usuarios paguen por sus servicios, ha renovado recientemente su web para ofrecer también, entre otras cosas, la posibilidad de personalizar la oferta informativa. Los lectores pueden elegir los sectores y empresas que les interesan, los columnistas queprefieren o los títulos de bolsa que quieren seguir habitualmente 21.
Y en España El Mundo ofrecía una iniciativa semejante al finalizar el año 2001 22. Desde el propio ordenador permite seleccionar tanto contenidos como servicios, y crear una web propia en la que se suprimen secciones y se incluye cualquier otra cosa que decida el lector. Y después le siguieron otros medios.
Poniendo en juego la imaginación para ofrecer más cantidad de información en menos tiempo y distanciarse de otras iniciativas empresariales, en Netscape se han marcado otro reto distinto: ofrecer una información que combina todos sus recursos -todas las empresas de AOL Time Warner- en forma de contenidos que cuentan con la abundancia de información y de datos que pueden aportar las revistas Time y Fortune y la CNN.
Pero no sólo se da esta tendencia en los medios de comunicación. En realidad fueron los portales generalistas los que antes se dieron cuenta de que este sistema podría tener éxito y los primeros que se decidieron a ponerlo en práctica. Demuestra su acierto, entre otros, la respuesta obtenida por My Yahoo!
También se ha procurado que exista la opción de crear portales a medida 23, y que todos aquellos que disponen de páginas web propias puedan convertirlas en portales verticales e interactivos facilitando los medios requeridos para Acolgar@ un buen producto con la posibilidad de participar en chats y foros de discusión, con correo electrónico, agenda y noticias 24.
Los periodistas, independientemente de que trabajen en un medio concreto con mayor o menor audiencia o lo hagan ejerciendo de freelance , han elegido en muchos casos otro tipo de personalización periodística que consiste en tener un site propio en Internet. Una página desde la que pueden ofrecer sin ningún tipo de límites sus informaciones o los rumores a los que han tenido acceso 25.
La fecha en la que una iniciativa de este tipo se puso de actualidad por primera vez es fácil de recordar. Fue en enero de 1998 cuando Matt Drudge incluyó en su web, cuyo nombre es The Drudge Report 26, una conversación grabada que Newsweek se había negado a publicar porque era una información sin verificar. En aquel momento se hizo pública la relación entre el presidente Bill Clinton y la becaria Monica Lewinsky 27 que tantas
páginas de periódicos y tantos espacios de radio y televisión iba a llenar durante meses.
Otro caso parecido es el de Harry Knowles, que se ha convertido en un crítico de cine capaz de influir en el entorno de Hollywood con su página Ain=t it cool news. Empezó a tenerse en cuenta su opinión después de que desvelara datos secretos sobre el rodaje de la última parte de La Guerra de las Galaxias 28.
Pero hay un aspecto distinto de esta facilidad para publicar que puede ser más difícil de enfocar desde el horizonte del periodismo. Es la posibilidad de que cualquiera se decida a contar las historias vividas personalmente sin contar con los elementos profesionales básicos del trabajo periodístico. Y que, como se ha demostrado en distintas ocasiones, lo haga con éxito a través de lo que ahora se conoce como un blog o una weblog, una página web que puede incluir textos, fotos, enlaces o elementos de todo tipo a gusto del propietario y que en español tiene un nombre distinto: bitácora. Esta actividad se desarrolla desde 1993, pero ahora ha alcanzado mayor difusión y es probable que su trayectoria siga siendo ascendente 29.
Poniendo sobre la mesa el debate acerca de lo que pretende ser una democratización del periodismo, una interesante revista digital estadounidense refiere con todo tipo de detalles distintas experiencias de ciudadanos que contaron a su manera la tragedia del World Trade Center de septiembre de 2001.
Bob Mintz, contable de Wall Street, relató su versión de los hechos en Internet utilizando sus propias fotos y recibió más de 25.000 visitas. Y Jessica White, estudiante de Florida de 19 años, ideó una página-homenaje para recordar a los afectados por la catástrofe que tenía como música de fondo America the Beautiful, de Ray Charles, y a los pocos días había recibido más de 90.000 que fueron aumentando progresivamente.
Su página fue la segunda más visitada en ese mes, según Media Metrix, y superó los accesos de Tribute to Heroes, la web del concierto que se celebró para ayudar a las víctimas del ataque a las torres gemelas. Y se podrían citar muchos más ejemplos en la misma linea que confirman la respuesta de las posibles audiencias, aunque es justo decir que ha sido Blogger el que ha marcado la pauta .
Para unos es una bocanada de aire fresco en el mediatizado mundo periodístico, para otros un ataque directo a la profesión. Las voces autorizadas van exponiendo su postura, y profesores de la Columbia University admiten que estas incursiones no profesionales en el periodismo muestran muchas voces distintas y pueden tener interés, pero no son aceptables al cien por cien. Sólo en algunas ocasiones especiales tienen verdadero valor como noticias y no son comparables a la profesionalidad de un medio solvente y riguroso30.
La cuestión está sobre la mesa y desde la brevedad de estas páginas no es posible hacer un análisis más profundo que queda para un texto exclusivo centrado en esta cuestión, pero es un fenómeno que se define a sí mismo como periodismo personal y que no se puede ignorar, al menos para tratar de delimitarlo. Y es difícil hacer predicciones certeras sin observar con los datos en la mano su evolución hasta ahora y la que presente en los próximos años.